El actor fue galardonado con el Donostia a la trayectoria, en medio de la promoción de “Falling”, su primer film como director.

 

El Actor y Director, que llegó a San Sebastian vistiendo una camiseta de San Lorenzo de Almagro, cosa que fue festejada por los hinchas del Cuervo, incluido Marcelo Tinelli que le dedicó un tuit, sigue creciendo en su carrera artística.

Tinelli, que es el Presidente de San Lorenzo y del que se decía que sentía celos por el cariño que los hinchas le prodigaban al actor estadounidense, despejó los rumores con un afectuoso tuit que dice: “Qué lujo tener un embajador Cuervo como Viggo Mortensen”.

Para ser precisos, Viggo vistió una remera que hace referencia a la Vuelta a Boedo, una epopeya que llevan adelante los fanáticos del Club, quienes se han conjurado para recuperar las tierras en Boedo, donde se asentaba el Viejo Gasómetro y que le fueron despojadas por el Proceso Militar.

Recientemente han logrado recomprar los terrenos a Carrefour, con un esfuerzo único de “socios refundadores”, pero aun le falta lograr la autorización para construir allí el 3er estadio en su historia.

“La pandemia ha sido durísima. Mi caso no se puede ni comparar con los fallecidos ni con los enfermos, por supuesto. Pero a Falling le ha cortado las alas, no me ha dejado desarrollar su carrera”, reflexiona.El nuevo Premio Donostia debutó como director. Puede que la épica que rodea a Aragorn en El señor de los anillos sea homérica, pero la de Mortensen con Falling -que describe la dura relación entre un padre ganadero con demencia senil y su hijo gay, que vive en California y que tendrá que hacerse cargo de su cuidado- no se queda muy atrás.Debutar a los 61 años le hace sentir mayor. “Claro que quería haberlo hecho mucho antes. Pero las cosas llegan cuando llegan, está bien, y en este caso no puedo cambiarlo. Hace 25 años hubiera cometido errores de principiante”. En este largo periplo entró desde el principio Lance Henriksen. “Coincidimos en Appaloosa (2008), y allí me fijé en cómo daba matices al villano. Además, nos contaba historias de otros rodajes y descubrí lo estupendo narrador que es”. Y lo embarcó en su viaje. “Había intentado hacer un cuento escandinavo hace 25 años. No lo conseguí. Con Falling arranqué hace una década, se cayó el proyecto, me puse con otra que no logré levantar, y volví a Falling. Llamé a Lance, que estaba desde el principio, y le pregunté si seguía conmigo. Su respuesta fue desarmante: ‘¿Crees que yo lo puedo hacer?’. Por supuesto. Pero a Lance le producía cierto respeto cómo su personaje entra y sale de la demencia, y esa honestidad es maravillosa”.¿Qué aprendió durante estas décadas? “Que los mejores directores preparan todo muy a fondo, pero luego están atentos a los actores y a los accidentes; y finalmente escuchan las ideas de todos los que participan en el proyecto. Yo tenía un rodaje corto, en invierno, con niños… Aun así, pedía cada día que si a alguien se le ocurría algo que lo dijera. Lo importante es prestar atención, como cuando eres padre”. Entre esos maestros, David Cronenberg, que encarna a un médico en una secuencia: “Su presencia hace que el espectador tiemble”.

“Con su hija, Lance añadió que siempre estaría a su lado”, cuenta el neoyorquino. “Sin embargo, la primera parte de la frase me parecía que daba un vuelo a su personaje, que le creaba un arranque raro, incluso desasosegante, oscuro. También te explica que ese tipo no es como el resto, que tiene una concepción distinta de la naturaleza y de la vida”. ¿Son los dos personajes, padre e hijo, las dos caras de la misma moneda? Uno parece amar la muerte, otro abraza la vida. “Cierto. Sin embargo, que nadie olvide que, en el fondo, ambos vienen del mismo lugar”.

A Mortensen le atraía otro reto de su película: el paso del tiempo, la concatenación de estaciones, el diferente transcurrir de los días que se percibe desde el campo o la ciudad, desde la infancia o la edad adulta. Cineastas como Terrence Malick o Lisandro Alonso, con el que rodó y con quien volverá a repetir, lucharon por plasmarlo en pantalla: “El tiempo está relacionado con la memoria.

Y el padre va y viene en su demencia. En realidad, para todos, la memoria es muy subjetiva, no te puedes fiar de ella. Editamos nuestros recuerdos. Creemos falsamente que nuestros recuerdos del pasado son ciertos, que en cambio el presente es más difuso. Qué error. Fui fotógrafo antes que actor y he hecho discos. De todo ese pasado saqué la idea clara de lo que necesitaba para reflejar todo eso en la pantalla”. El director cuenta, tras explicar que filmó muchos planos de esa naturaleza antes del rodaje, que Falling nace de las vivencias de su familia, de cuidar a su madre, que a la vez había cuidado a su segundo marido con demencia senil. “A mi alrededor ha habido bastantes casos: tíos, abuelos. Es una historia muy personal, aunque, no te engaño, cualquier película sería igual de personal, y si he hecho esta ha sido porque he conseguido la financiación al incluirme como actor”.

El tres veces candidato al Oscar agradece el Donostia, y lo pone en contexto: “Me hace feliz, y me gusta recordar el pasado, aunque sin recrearme. Cada papel, cada aventura suma. He tenido muy buena suerte. He hecho varias películas de esas tan maravillosas que una sola brillaría en cualquier currículo de cualquier intérprete. Los premios están bien, pero no dan de comer”. Y confiesa una dolorosa contradicción: “Mi rostro levanta algunos proyectos. Y sin embargo, ni siquiera mi presencia en Falling aceleró la producción, aunque la cimentó. Ojalá en la siguiente como director no tenga que hacerlo. El proceso de conseguir dinero en el cine indie es muy frágil”.

La pandemia trastocó la “caída de las fichas de dominó”, y la promoción de Toronto Mortensen la hizo desde la distancia, mientras sigue sin encontrar distribución en Estados Unidos: “La batalla está siendo larga”.

Durante el confinamiento volvió a escribir: “Tenía redactado un western, y ahora además he empezado otro guión, un cuento basado en historias de mi familia, en la Segunda Guerra Mundial en la Europa ocupada por los nazis. Ambos los protagonizan niños, sin actores conocidos. Ya veremos”.

Mortensen, al final de la entrevista, recordó su carrera: “No ha sido fácil. La gente pensará que como he sido candidato al Oscar, como he tenido premios… En realidad llevo en esto desde 1982, y tardé muchos años en ganarme la vida, y otros tantos en alcanzar papeles protagonistas. Yo no alcancé el éxito rápido. He ido paso a paso y he llegado a un límite. Tampoco me molesta, de verdad. Me conformo con estar en historias que me gusten, y logré acabar Falling. Los ejecutivos de cine, no el público, aclaro, buscan películas en las que se resuelva todo, haya redención y se acabe con esperanza. Eso no es lo mío”.

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