Tras una internación de tres días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en Twitter que dejará el hospital militar Walter Reed esta tarde y continuará con su recuperación del coronavirus en la Casa Blanca, azotada por una ola de contagios.

 

“¡Me siento realmente bien! No le tengan miedo a Covid. No dejen que domine su vida. Hemos desarrollado, bajo la Administración Trump, algunos medicamentos y conocimientos realmente excelentes. ¡Me siento mejor que hace 20 años!“, tuiteó el mandatario.

El polémico mensaje celebratorio de Trump en Twitter llegó cuando Estados Unidos se aproxima a las 210.000 muertes confirmadas por coronavirus. Trump recibió además la mejor atención médica que existe en el país, y fue sometido a un intenso tratamiento que incluyó un cóctel de anticuerpos experimental, el retroviral Remdesivir y un esteroide que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda solo para los casos más críticos. Trump nunca tomó hidroxicloroquina, un medicamento que puede conllevar riesgos, y que el mandatario recomendó en múltiples ocasiones yendo en contra de la recomendación de los expertos.

 

Su médico, Sean Conley, dijo que Trump había cumplido con todos los requisitos para ser dado de alta, y no había sufrido fiebre desde el viernes y sus niveles de oxígeno eran normales. El médico dijo que Trump todavía “no había salido del todo”, pero podía regresar a la Casa Blanca. Trump recibirá su última dosis de Remdesivir mañana. La conferencia de prensa volvió a dejar varios puntos en la nebulosa, y Conley ofreció de nuevo un tono más alentador sobre la recuperación del mandatario a la vez que se guardó varios detalles.

“Han visto los videos, los tuits, y ahora le verán a él en breve. Está de vuelta”, declaró el médico.

El retorno de Trump a la Casa Blanca conlleva un enorme riesgo para el mandatario porque el coronavirus parece todavía circular fuera de control en la residencia oficial.

Mientras su equipo de campaña empieza a perfilar el “operativo regreso”, su gobierno forcejea para contener el insólito brote de coronavirus que despuntó en el lugar más seguro y custodiado de todo Estados Unidos. Ayer, la vocera de Trump, Kayleigh McEnany confirmó que también se contagió, al igual que dos de sus colaboradores, y los empleados y funcionarios del Ala Oeste y la residencial oficial fueron enviados a trabajar desde sus casas para intentar evitar una mayor propagación del virus.

La Casa Blanca manejó la enfermedad de Trump con hermetismo y una avalancha de desinformación. El propio médico de Trump, Sean Conley, y el jefe de gabinete, Mark Meadows, ocultaron información sobre los síntomas y la gravedad del estado de salud del presidente, quien durante su internación publicó videos y ayer salió a dar una vuelta en una camioneta suburban para saludar a sus seguidores para marcar la narrativa.

Pero Trump había dejado saber desde su entorno que estaba ansioso por regresar a la Casa Blanca y, sobre todo, a la campaña presidencial. El mandatario aparece muy rezagado en las encuestas respecto de su rival demócrata, Joe Biden. Su campaña ya comenzó a preparar el terreno para desplegar el “operativo regreso”, e intentar capitalizar su recuperación como un activo de su fortaleza, además de una lección aprendida sobre la pandemia del coronavirus.

 

 

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